La ciencia del Storytelling
La ciencia del Storytelling
La ciencia aplicada al Storytelling

La ciencia del Storytelling

El ser humano es narrativo por naturaleza. Desde el origen de la cultura el conocimiento se ha transmitido en forma de historias. Por eso nuestro cerebro asimila con facilidad ciertos patrones narrativos.

Dichos patrones pueden estudiarse y aplicarse con objetivos tan concretos como lograr y retener la atención, conectar con la audiencia o persuadir.

En StoryLab estudiamos a fondo la narratología, asi como todos los métodos de construcción de mensajes que han resultado exitosos para lograr que los mensajes de nuestros clientes alcancen, impacten e influyan en sus audiencias.

Cuatro hechos científicos

Descubre cuatro hechos científicos sobre las historias que te sorprenderán.

Crean química

Lo decía Aristóteles y lo confirman los estudios científicos: las buenas historias producen reacciones químicas en el cerebro. Cuando una historia nos interesa o atrapa generamos Dopamina, Oxytocina, Cortisol o Endorfinas, responsables de emociones como la excitación, el placer, el temor o la confianza.

Son memorables

Estamos mejor programados para historias que para ideas abstractas.
Las historias sincronizan el cerebro del oyente y del hablante gracias a un proceso llamado acoplamiento neuronal. Los mensajes emitidos en forma de historias pueden ser hasta 22 veces más memorables que los hechos, ya que activan hasta 7 partes distintas del cerebro.

Crean valor

El estudio “Significant Objects” demostró que una buena historia puede incrementar el valor de un objeto en venta en un 2.700%.
Preferimos las historias a los hechos o los simples datos, puesto que son más fáciles de recordar y podemos identificarnos emocionalmente.

Conectan e inspiran

Gracias a un proceso denominado “transporte narrativo” las historias conectan al emisor con el receptor emocionalmente.
Las personas que más conectan emocionalmente con una historia son más proclives a actuar a favor de la misma. Un famoso estudio del científico Paul J. Zak, muestra que un buen arco narrativo inclina a la audiencia a la acción posterior.

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